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Hot! Brasil cada vez mas cerca

El destino tiene nombre de estadio y se llama Minerão. El fútbol americano encontró un lugar que cierra una rivalidad que traspasó todos los deportes posibles. El evento, tan esperado, tiene como nexo dos equipos, dos países vecinos. Sudamérica despierta el próximo 16 de diciembre. La fecha congrega dos países que marcan el pulso en esta parte del continente. Del sueño a la realidad, de la negociación al afiche, Halcones vuela a territorio ajeno, donde Onças ansía transpolar una batalla futbolística a un emparrillado.

A veces hay momentos en la vida de un deporte que no se pueden borrar. De hecho, lo realzan, lo embellecen. Un Argentina-Brasil, esquivo hasta ahora, vislumbra un hito en Sudamérica; pintaba como una película de la que se hablaba mucho, pero se hacía poco. Ahora, tiene dos conocidísimas camisetas, actores, un estadio y una fecha.

¿Acaso al mundo no le faltaba este duelo en otro deporte? Y sí. Le falta y le va a faltar hasta que en unos días tres árbitros argentinos y cuatro del país vecino se miren las caras, se acomoden sus gorras y se feliciten porque pasarán a la historia.

Una imaginaria tarde calurosa, argentinos y brasileños se pegarán como si el continente se dirimiese en 10 yardas. Y basta de justificaciones. Porque Argentina aterrizará en Belo Horizonte con una victoria ante Chile por más de 20 puntos; Brasil la espera en la puerta de su casa, con un mundial a cuestas.

El anuncio, tejido por los dos países, emocionó a más de uno. De Brasil se dice que jugaron un mundial, que inmerecidamente salieron últimos, que vencieron a Panamá en la eliminatoria. De este lado del charco, hay una realidad bien alimentada que trasciende provincias y se anima a soñar. Esgrimen, los argentinos, que es una oportunidad histórica, única. Comentan, los brasileños, que preparan una fiesta de aquellas – como si les faltase-.

Si la historia es lo que pasó antes de uno, Argentina, previo al choque ante Brasil, midió pases, corridas y tackles contra uruguayos y chilenos. Hay que retroceder para contar que en 2005 empezó el periplo sudamericano. El andar, desparejo, le dio las dos primeras victorias al conjunto celeste que se vio superado luego con seis triunfos argentinos. Los chilenos no corren la misma suerte: en el único enfrentamiento, Halcones le asestó una diferencia de más de 20 puntos. Otros dos partidos ante universidades estadounidenses abultan el historial argentino: contra los Boxers de Pacific University, de Oregon, y el otro rival fue Stags de Claremont McKenna College.

Brasil asume este compromiso con la experiencia de un mundial. Canton, Ohio, recibió a soñadores verdeamarelos que buscaron probarse, medirse. Ver qué tienen los de arriba. Y se llevaron un merecido triunfo ante Corea del Sur.

Muchas rutas, predisposición para el juego aéreo y la apuesta a jugar al pase. La idea que se vislumbra tras conocer el roster brasileño induce a pensar que los backs argentinos van a tener trabajo, y mucho. El tamaño, la altura y su portento físico son el triángulo que preocupa a una defensa visitante, que tiene sus puntos más altos – en relación al físico – en sus cb’s titulares. La cara ofensiva es más rocosa: César Liatti buscará combinar la agilidad de sus receptores, las piernas de los corredores y las apariciones de sus alas cerradas. El equilibrio en la plantilla albiceleste no deja trascender un predominio de las acciones que gobernarán Belo Horizonte.

El afiche no hace uso de la épica. Apareció de la nada. Se vislumbra el inicio, el despertar de una región que avanza. Halcones se subirá a un avión nutrido de tres ligas que no descansan ni en los tiempos muertos. Brasil dispone de un estadio mundialista para el choque más esperado desde que el fútbol americano es algo más que simplemente fútbol.

Y el destino se pronuncia Minerão, a secas. Y se piensa en Brasil- Argentina

 

Author

Franco Franceschetti