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El final de una era

Dándole cierre a la segunda semana de la temporada regular de Football Americano Argentina, Legionarios blanqueó por 19-0 a Tiburones, en donde se destacaron la labor por tierra del mariscal Sánchez, la solidez defensiva de la legión, y la falta de ideas de los escualos.

El paso del tiempo es un factor de suma importancia en la vida misma, y lo es sin dudas en el deporte, incluyendo obviamente al football americano. Aquí, en la liga argentina no se puede escapar de su terrible y temible paso, y lo vivió en carne propia el equipo de Tiburones. Poco tiempo atrás, hace tan solo 8 meses, los escualos se preparaban para disputar su 4ta final consecutiva, mientras que la legión dorada se sumía en el último puesto de la tabla, con un record olvidable de 1-9. En esta fecha, Legionarios se disponía a comenzar su año con el pie derecho haciendo su debut frente al último finalista, quienes venían de caer ante el campeón defensor por un duro 22-0.

Muchos cambios en el roster de los rojinegros parecen haber desbaratado a una de las franquicias exitosas de estos últimos años; perdiendo a grandes baluartes de su equipo, y quedando a merced de una plantilla plagada de novatos, los resultados no afloran tal como nos habían acostumbrado cuando ingresaban al campo de juego. Por su parte Legionarios, habitué de la derrota en 2016, no sufrió grandes bajas, o no tantas como su rival de turno cuanto menos, parándose en este 2017 con mayor confianza debido a la experiencia y tiempo de trabajo en conjunto.

Con la expectativa de medirse dentro del campo en el debut para uno, y de levantar la cabeza luego de un blanqueo inicial para otro, comenzaba un partido que sería impactante para las previsiones en cuanto al camino que deberán transitar los equipos en esta nueva temporada naciente.

El balón comenzaba en manos de Sánchez y compañía, que tras dos corridas fallidas y una captura al mariscal se disponían a despejar; en su segundo intento lograrían renovar al menos una vez gracias a un pase al corredor Rumbola, pero ya inmediatamente un nuevo intento de pase seria interceptado por uno de los lideres defensivos de los escualos, Mandelli. En su tercer intento de ataque, pases cortos o fallidos, y corridas sin avances significativos, volvían a dejar a Legionarios con un sabor amargo, y una imagen de esa ofensiva de la temporada pasada, la cual no logró ni siquiera anotar 100 puntos, la marca más baja de los 6 conjuntos.

De la vereda de enfrente el panorama no parecía ser más alentador. La ofensiva de los escualos cuenta actualmente con dos mariscales, dos novatos 2016, que en su segundo año se reparten el gran peso de ser el mariscal del último finalista. Jugando un tiempo cada uno, los QBs compiten por ver quien entrega mejor el balón al corredor estrella Bazán, siendo así mas del 50% de las jugadas que los escualos han sabido mostrar hasta el momento. Las restantes se han alternado en pases de ambos mariscales que todavía deben y tienen que mejorar sus aptitudes, pero que entendiblemente llevarán un tiempo en lograrse; y alguna que otra reversa de sus receptores, como para no sobrecargar tanto al RB #13.

El primer cuarto trascurría sin pena ni gloria, abriendo campo a que en el segundo comenzara a haber un poco más de acción para los espectadores que colmaban las gradas de Champagnat. Luego de uno de los tantos despejes de Tiburones, uno fallido les costaría muy caro. Tras un fumble producto de un centro muy elevado, el pateador se hacía con el ovoide en el suelo, otorgando la posesión en su propia zona roja. Sánchez contaba con una situación óptima para guiar a su equipo a la ansiada primera anotación del año. Primero buscaría a Diestch, con quien bien conectaba vía aérea para quedar a poco menos de 5 yardas. Desde allí, el mismo mariscal correría por izquierda tras un engaño, llegando a las diagonales casi sin imprimir velocidad.

Por lo que restaba de la primera mitad, el encuentro volvió a encallarse en un mar de faltas, y jugadas sin prosperidad. Dos defensas que fácilmente detenían a estas endebles ofensivas, que además de las deficiencias propias se ponían palos en la rueda con holdings y demás infracciones. Se iba el partido al entretiempo con un 7-0 que era justo resultado hasta el momento.

El complemento parecía presentar un abrupto cambio a lo visto hasta el momento, ya que ambas ofensivas comenzaban a desplegarse un poco más, consiguiendo mayor cantidad de renovaciones que en lo acontecido anteriormente. El cambio de QB favorecía en principio al juego aéreo de Tiburones, ya que Romero rápidamente completaba un pase de casi 20 yardas con el ala cerrada Laurino. Esto, sumado a las incesantes corridas de Bazán, parecían darles aire a medida que la defensa rival lentamente permitía acarreos más largos del pequeño RB, pero una falta personal, sumados a una captura de Calvo sobre el mariscal, los hacían retroceder más yardas de las que podrían recuperar, obligándolos a despejar el balón.

La buena labor defensiva y de equipos especiales les daba a Sánchez y compañía un comienzo desde la mitad del campo, alivianándoles así un poco la carga y presión de tener que renovar cerca de su propia zona de anotación. Desde allí, y con el ingreso del brasileño Do Nascimiento a la ofensiva, lograrían avanzar velozmente con una corrida del mariscal y un posterior pase al novato extranjero de la legión dorada, ingresando así a zona roja. Luego de dos intentos de pase directo a la zona de anotación fallidos, el mariscal volvería a la fórmula del primer tanto; se disponía a desplazar a la defensa hacia un costado de la cancha, encarando con balón en mano y la velocidad de sus piernas por el otro, y luego de esquivar dos tackles y dejar pasar a un tercero, ingresaría al trote a las diagonales, sentenciando un 13-0 que parecía cada vez más inalcanzable.

Terminaba así el tercer cuarto, comenzando el cuarto con expectativa de qué presentaría la tibia ofensiva escuala para dar vuelta el resultado. Pero las variantes ofensivas no lograban aparecer, y si no era mediante Bazán, el equipo no lograba avanzar. Intentos de pase de Romero con Laurino, Maurice y Tarquini eran lo más diferente que se animaban a probar, pero ninguno de esos destinos lograba la conexión deseada, terminando los pases en el suelo, junto con las esperanzas de Tiburones de lograr su primera victoria del año. El único pase que sí lograba completar el QB #11 rojinegro sería con Franceschetti, que lamentablemente se encontraba del otro lado de la línea de scrimmage. El hábil jugador de Legionarios lograba no solo interceptar, sino que casi desde mitad de cancha se aventuraba a avanzar el balón la mayor cantidad de yardas posibles, y gracias a su velocidad lograba aún más, llegando a zona de anotación, y estampando un 19-0 final en el marcador.

Un resultado impensado unos meses atrás, pero realidades de los equipos que cada vez se hacen más presentes en este 2017. Un conjunto escualo que ha dejado sus temporadas gloriosas, y ha ingresado a boxes, en plena reconstrucción del equipo con novatos o jugadores con poca experiencia en puestos claves, con mucho todavía por mejorar y trabajar, pero con la ilusión de estar construyendo una nueva dinastía. Por su parte, los de dorado encuentran una luz al final del túnel, un túnel que vienen recorriendo desde el 2012 (luego de haber salido campeones en 2011), ya que en 5 temporadas consecutivas no han tenido una sola temporada ganadora, habiendo triunfado en tan solo 9 partidos en ese periodo de tiempo. Pero a base de trabajo duro, una base sólida, jugadores de buen nivel, y mucho tiempo de trabajo, año a año demuestran que si no los atormentan las lesiones graves, son un equipo que puede estar a la altura de cualquier otro.

Author

Tomás Kouba