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La hermandad sigue con vida

Cruzados venció a Jabalíes en el primer turno del día, por 14 a 7 en un ajustado encuentro, y se metió en la pelea por el cuarto lugar en playoffs, restando apenas tres jornadas para el final de la temporada regular.
El equipo de verde llegaba al partido sin conocer la victoria. Añorando pasadas temporadas donde para esta altura del campeonato ya estaría clasificados. Por ende, ganar era lo único que podían hacer. Por el otro lado, y completamente opuesto a su rival, Jabalíes, ya clasificado y con la tranquilidad de saber que ningún tropezón seria caída.
Esa tranquilidad de la que hablamos previamente hizo que el conjunto de Juan Manuel Sesto no variara su forma de jugar durante todo el partido. Tres receptores, Luciano Lettieri, Federico Terrini y Alejo Córdoba, y un corredor, Carlos Terrini quien fue el jugador más usado por el mariscal “porcino”, Alejandro Bonomo. Sumado a las ausencias de jugadores clave, como el propio Sesto, y los linieros Nelson Medici y Alejo Navarro.
A pesar de esto, el equipo de blanco logró anotar, cerca del final de la primera mitad con un envió de Bonomo hacia Federico Terrini, quien recibió en mitad del campo y corrió entre los linebackes rivales sin que estos pudieran detenerlo. Así consiguió 6 puntos para su equipo que luego estiró de patada extra Luciano Lettieri. Ese terminó siendo el resultado final de la primera mitad.
Si bien el párrafo anterior hace parecer que “la hermandad” estuvo ausente, y lo único importante ocurrió del lado “porcino”, Cruzados arrancó el encuentro como es de costumbre. Pedro Urzúa como mariscal, Mario Ibarra y Carlos Rolleri haciendo las veces de corredor, y Marcelo Steinborn y Martin Persico como receptores. Fórmula que no les venía resultando efectiva en todo el campeonato, ya que como dijimos previamente, hasta el momento no conocían la victoria.
Momentos antes de que finalizara la primera mitad, los de verde optaron por un cambio que generó murmullos en las gradas y miradas de asombro en el sideline rival. El mariscal Pedro Urzúa se puso como receptor y su lugar lo ocupó, sorpresivamente, Carlos Rolleri. Sí!, Sí algo le faltaba al pequeño jugador cruzado era ser el líder de la ofensiva. En principio no pareció ser la mejor decisión pero en la segunda mitad, cambió la historia.
El tercer cuarto comenzó con la ofensiva de “la hermandad” en cancha. Fiel al estilo Poy, Carlos Rolleri se puso el equipo al hombro, y en su segundo intento con el balón corrió desde la yarda 38 hasta la 27 del rival. El cambió de firma en la ofensiva de verde comenzaba a dar frutos. Luego de dos envíos de Rolleri a Urzúa. El QB se escapó entre los linieros rivales y acarreó el ovoide por la banda izquierda hasta que consiguió los primeros 6 puntos para Cruzados en el partido, que terminaron siendo 8, ya que luego de que se rompiera el intento de patada extra, Urzúa recuperó el balón y lo depositó tras la endzone.
Poco le duró la posesión a Jabalíes, ya que tras varios intentos fallidos de pase por parte de Bonomo, tuvieron que despejar. Así, Rolleri y compañía, volvieron al campo. Esta vez la asociación sumó a Marcelo Steinborn, quien recibió el primer envió y llevó las acciones desde su propia yarda 20. Desde allí, una nueva corrida del mariscal escapándose por la banda izquierda depositó el ovoide a 5 yardas de una nueva anotación.
En primera instancia, el numero 7 optó por un acarreo propio que no llegó a buen puerto. Luego un lanzamiento a Urzúa quien no pudo dominarlo, y finalmente envío a Steinborn quien estaba parado sólo bajo la H para recibir sin problemas. Así Cruzados dio vuelta el encuentro y se puso 14 a 7 en el marcador.
Tras la anotación, el encuentro se volvió una lucha defensiva, donde pareció que a ninguno de los dos equipos les importaba descontar o estirar la ventaja, sino más bien cerrar el partido tal y como estaba.
Así, Cruzados se metió en la pelea por el cuarto puesto clasificatorio a playoffs y por sobre todas las cosas demostró que tiene en Carlos Rolleri un mariscal incipiente, un jugador que van a envidiar todos los equipos.

Author

Christian Villalba