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La hora pirata

El primer pentacampeón que puede llegar a ver la Liga de fútbol americano de Buenos Aires tiene como único protagonista a Corsarios. Una temporada regular con nueve victorias como primer argumento para decirse finalista, una derrota ante las dos caras que tuvo Jabalíes en 2017 y un sueño: que la historia juzgue a este equipo como histórico e irrepetible.

Hay un movimiento adrede este año marcado por el paso del tiempo, las caras nuevas y el deseo de renovarse. El alejamiento del equilibrista, Federico Poy, del centro de la escena para que el equipo sea el nuevo protagonista. Desplazar la dependencia personalista a un todo que configure la raíz del juego dio jugo y frutos esta temporada. Sin la espectacularidad de otros años, el 11 pirata ha sabido ocupar este nuevo rol. No es un retiro voluntario porque sigue siendo vital para mover cadenas, molestar defensas y anotar, por sobre todas las cosas. Es, al fin y al cabo, un movimiento que tardó en aparecer pero que está sucediendo con naturalidad.

Abrazar a la ofensiva para que la defensiva no sufra puede llegar a ser la primera idea de Liatti sin cavar en las profundidades de los análisis. Cuánto más domine, menos me van a atacar. El rompecabezas está completo, no hay lesiones y – se sabe- no hay más de lo que se dispone.

La base aérea de Corsarios que intentará incinerar a Osos mantiene a Poy, al mañoso Leandro Bosch y a Tomás Kouba, el playmaker pirata de poco rodaje en 2017 por una lesión en su rodilla que lo alejó de más de la mitad de la temporada. Decisivo de ambos lados, el 83 aterriza con mucho oxígeno a la instancia final y más decisiva del año. La cara más lograda de este equipo es justamente su potencia aérea en combinación con un aceptable juego terrestre. No existe roster alguno en la actual Liga capaz de cubrir todos los espacios de los que dispone Francisco López cuando vuela la bola. Elizalde, Bosch, Poy, Kouba son los apellidos que materializan la idea.

Los últimos dos cruces se los llevó Corsarios. Dos anotaciones a una fue el resultado que se espejó en ambas fechas y, si se retrocede aún más, en las semifinales de 2016 los piratas sacaron de competencia a Osos Polares.

La carta del favoritísimo le sienta a Corsarios. La utilizó cuando la tuvo, como el año pasado ante Tiburones, y cuando no, también ante aquellos escualos del 10-0 en temporada. La experiencia aporta un plus vital para salir de los peores infiernos, dar vuelta situaciones imposibles. La usarán, cómo no, cuando Osos Polares intente gobernar las acciones al grito de “todos o ninguno”. La experiencia, le dirán los piratas, no entiende de simbolismos de guerra, de arengas eufóricas; Liatti y compañía la construyeron, escalón por escalón, hasta adueñarse de esa palabra y su significado. El sábado le intentarán decir a Champagnat nuevamente quien es su dueño.

Author

Franco Franceschetti